"Lo más satisfactorio es leer los mensajes tan bonitos que me deja la gente, incluso en italiano y árabe. Recuerdo con mucho cariño a Camila, una niña, de 11 años, que me escribió desde Alicante (España), diciéndome que yo era un ejemplo para ella, que me admiraba demasiado y que si era posible que yo le mandara un disco autografiado", cuenta la joven artista, quien confiesa que, sin la radio e Internet, la tarea de dar a conocer su música habría sido imposible. el tiempo
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